En Perú la educación esta en estado de emergencia
Viernes, 20 Junio 
En el Perú, las cifras de la educación constituyen una vergüenza nacional, el lado oculto y siniestro del desarrollo macroeconómico. A mayor crecimiento económico, peor calidad en los servicios educativos. ¿Qué aprenden los niños peruanos? ¿Cuál es el grado de competencia lectora y de comprensión de los futuros ciudadanos? ¿Quiénes son sus maestros? En la Evaluación Nacional del Rendimiento Estudiantil (2004) se comprobó que “el 85% y el 88% de los estudiantes de segundo y sexto grado de primaria, respectivamente, no han desarrollado las habilidades básicas para leer de manera comprensiva ni cuentan con las herramientas necesarias para continuar su proceso de alfabetización”. Obviamente, estas cifras están directamente asociadas a otras de variable socioeconómica: el 28.6% del grupo de entre seis y diecisiete años trabaja; es decir, casi dos millones de niños y adolescentes. Y el 25% de niños menores de cinco años padecen de desnutrición crónica: su capacidad de aprender, pensar e imaginar está entonces dañada irreversiblemente.
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos convocó e invitó a sus profesores a participar en el Plan Nacional de Capacitación a maestros en ejercicio. Yo acepté el desafío, sin saber que iba a vivir una de las experiencias más desoladoras de toda mi carrera profesional. Para la primera sesión, los funcionarios del Ministerio de Educación nos pidieron que familiaricemos a los maestros con las partes de un libro. Yo protesté y consideré que dicha sugerencia se trataba de una broma de mal gusto.
Wilber vive en una zona urbano-marginal del Callao. Asiste al colegio público más cercano. Tiene una sola maestra y una auxiliar que comparte con sus 40 compañeros de aula. A sus cinco años, nunca ha manipulado un libro, no puede escribir su nombre ni sabe contar más allá de diez. Ingresa a las 8:30 y sale a las 12:30. En su colegio estudian aproximadamente mil niños, los servicios higiénicos son defectuosos, las carpetas y mesas, duras e incómodas.
La llamada biblioteca está formada por una pared contra la cual se han colocado tres tablones sobre ladrillos que contienen textos como la Constitución Política, una copia pirata de El alquimista de Paulo Coelho, una Biblia deshojada, manuales para profesores, periódicos de ayer y un puñado de destartalados libros para niños, entre los que destaca una blonda Caperucita sepultada por el polvo y la incuria.
